El Gordito Pelotudo Filosofía Olla Cristina Wargon

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“A Veces te Extraño Gordito Plomazo, Después me Acuerdo que sos un Pelotudo y se me Pasa”

El Gordito Pelotudo Filosofía Olla Cristina Wargon

El Gordito Pelotudo Filosofía Olla Cristina Wargon

(Si nunca tuviste uno, ya está por llegar)

A las mujeres nos ha pasado, les pasa y les seguirá pasando, tener amores absolutamente equivocados. Cito de memoria: “Se portó como toda mujer enamorada: como una idiota”. Con sólo darse cinco minutos para recordar, todas podemos reconocer ese furibundo amor por el gordito que resulto un plomazo.

Cómo no hacerse eco de esa frase, posteo de face: “A veces te extraño, después me acuerdo de cómo sos y se me pasa”. Cada vez que la leo me hace reír. Lo de “gordito” es un agregado mío, porque me parece más certero, los flacos me dan a neurótico, obsesivos y otra serie de cualidades, pero nada es más fácil de unir que gordito con plomazo, suena mejor, digamos. Por lo pronto nos habla de cierta inclinación por el hedonismo, un aire de gozador de la vida que entusiasma. Sobre todo a las flacas que ven en su gordezuela imagen de Sancho Panza, una carnalidad que ellas mismas no tienen.

Suelen ser también abrasadoramente simpáticos, pero cuando se los recuerda con todas las hormonas aplacadas, sabemos bien que nos hacen reír, pero que no es el tipo de señor al que le compraríamos un auto y, de ser el plomero, habría que prepararse para la inundación.

El Gordito Pelotudo Filosofía Olla Cristina Wargon

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Y hasta aquí pareciera que cruel e impunemente me estoy metiendo con los “gorditos plomazos”. Nada de eso, porque quien los recuerda es UNA. O sea, que por este lado, flaquitas o gorditas, todas las que recordamos es porque alguna vez les abrimos una puerta amorosa al gordito, y ahora nos hace reír por ¡lo pelotudas que fuimos!

Pobre señor rebasadito en carnes, hizo, el verso, pero no más ni mejor que cualquiera. Dijera Colette: “Pensaba que venía a compartir pero vino a tomar su parte”. Y un día, cual una golondrina excedida en peso, huyo hacia otros lares que le eran más propicios… ¿tuvo la culpa el gordito? De ninguna manera, la culpa absoluta es de las mujeres que cuando nos da la miopía amorosa tendemos a confundir al gordito con buena gente y a un señor que apenas lee y escribe, con Jean Paúl Sartre.

El Gordito Pelotudo Filosofía Olla Cristina Wargon

Después, cada historia es tan particular que terminan siendo iguales. El gordito tuvo una performance amatoria aceptable pero… y ahí cada una agrega lo que su rencor le dicte: dijo adiós y no volvió más, o no volvió más sin decir adiós, se quedó con algunos CD, tiene en custodia algunos libros, tal vez nos guarde unos pocos dólares de emergencia, y seguro nos hundió el sillón del living porque son muy afectos a mirar tele y comer “alguito ” durante un partido. Los hay también que se olvidan de avisar a tiempo que tienen esposa y algunos hijos, los que piden el auto (y lo chocan, por supuesto), los que siempre parecen atareadísimos con proyectos que jamás concretan y llenen ustedes la infinita líneas de puntos imaginarios que siguen con los méritos del que les tocó a cada una.

Habría que aclarar en su defensa, que los hay infinitamente peores.

En primer lugar “pelotudo” es una categoría muy menor a la de “calculador”. La palabra no sugiere que viene con un cuchillo bajo el poncho, y aunque a veces se llevan un corazón ensartado en él, es más por torpes que por hábiles

En segundo lugar y en última instancia estamos hablando de un pequeño ratero, de un descuidaste de ocasión, al que cualquier botín, desde un fósforo a una tiara le venía cómodo.

¿Por qué sospechando esto, las mujeres aceptamos alguna vez ese tipo de personajes? Se abre de nuevo una infinita línea de puntos… que deberán llenar las damas y después mandarle un ramo de flores, porque después de todo, algo tenía para entrar y hacer “la primera” como se dice en el truco. Su momento de reivindicación ha llegado, porque así tal cual es (era) gordito y pelotudo, ocupó durante unos instantes un casillero de nuestro corazón y esa efímera dicha fue más divertida que quedarse en casa depilándose los bigotes. !A los gorditos pelotudos, salud!

 



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