Cristina La Fiestera (II)

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La Fiesta Inolvidable

Cristina La Fiestera

Cristina La Fiestera

Me ofendería si alguien dedujese de estas líneas que soy “fiestera”, pero es una palabra aproximada a mi vocación por los festejos.

He tenido además la suerte en estar en todo tipos de fiestas a lo larga de mi vida. Desde esos cumpleaños solitarios, con solo dos copas que chocamos con la amiga que está en la mala (generalmente por un varón que no valía la pena), pasando por los pegajosos cumpleaños de niñitos de distintas edades, hasta la fastuosidades multitudinarias con champagne Dom Pérignon, con números musicales más que top y por supuesto fiestas de campo con vaca con cuero incluida. Podría escribir un tratado sobre cada uno de ellas pero las menciono porque, mi palabra está autorizada para afirmar que le fiesta de Roberto y Rossana, en Lima, fue la más linda a las que haya ido.

Reconozco que mi corazón estaba blandito, por la emoción del reencuentro y el pisco. Pero dudo que algo así se vuelva a repetir.

Lima. Las Vísperas

La pregunta inevitable nos la hicimos en la Argentina con mi hija: ¿qué nos ponemos? He allí otro punto de coincidencia entre las dos que somos poco elegantes en general y verdaderos desastres cuando se trata de una gran gala. Una vez más la imaginación se sobrepuso a la pobreza y terminamos con dos inefables atuendos “Frankestein”.

Como el legendario monstruo fuimos armando los conjuntos de a pedazos, pero como todo era negro dado que las dos somos un poco crecidas para afuera, a nuestro juicio quedamos divinas. Mi hija transformó una minifalda de lentejuelas en un glamoroso top, yo le devolví un saco de gasa que me había prestado en algún año que las dos olvidamos, y abajo se calzó algo que tenía el brillo de la seda. Quedó hermosa. Lo mío fue un rejunte similar: la parte de arriba de un conjunto que me compré cuando se casó Javier (cuyos hijos deben estar en la facultad) y abajo mi falda del Martín Fierro que me coció la Ñata en el Abasto, y sirvió para todas las fiestas del Martín Fierro, más mi espectáculo teatral .Me gustaría obviar el tema de los zapatos porque es medio bochornoso y pasar directamente a la fiesta

Cristina la Fiestera

Cuando vayan a Lima no dejen de pasar por, Amoramar y preguntar por Away su dueñoInvoquen mi nombre, me parece que tuve la intención de casarme con él, pero su esposa, una bellísima limeña, lo custodiaba de cerca y mi marido me custodiaba de lejos. Además mi hija no me dejó, así que él ni se dio cuenta.

Acepten mi recomendación porque podrían perderse uno de los más bellos lugares de Lima. Allí fue la fiesta. Valga una digresión, un fiesta de trescientas personas, suele tratarse de un casamiento, donde la lista de invitados la controla quien paga. Esto trae como resultado que hay un mal entrecruce generacional entre jóvenes que bailan frenéticos con la corbata atada en la frente y señoras de la edad de una abuela con tantas cirugías que podría ser nieta de cualquiera, (pero que no baila porque se desarma en la pista). ¿Es que una pareja puede tener trescientos amigos? Pues sí, si son Roberto y Rossana y viven en Lima. ¿Y cómo se juntan tantos amigos? Pues conservándolos uno por uno a lo largo de toda una vida.

Los Detalles de la Fiesta. Cristina La Fiestera

El resultado fue que una misma generación, bailó “sus” temas, cantó “sus” canciones y compartió su moda (menos mi hija y yo que parecíamos Morticia y su mamá). Al entrar recibían R& R, y entregaban un PIN con el logo y un nombre histórico. Yo fui Cleopatra, aunque jamás me encontré con Marco Antonio (debo reconocer que después del segundo pisco sour no encuentro ni a Brad Pitt durmiendo a mi lado).

Los detalles de la fiesta hicieron la diferencia. Sobre una de las paredes se proyectó sin parar las fotos de cada uno de los invitados tomadas a lo largo de los años. En homenaje a los comienzos como periodista de Roberto, se armó una pequeña radio en vivo, donde durante un rato dos importantes periodistas “de verdad” transmitieron la fiesta. La sorpresa estelar en ese fragmento fue…! La maestra que tuvieron de primero a tercer grado, que llegó y se fue entre aplausos y alguna que otra lagrimita. También un pequeño video de R&R donde se los ve jugando al fútbol y a Rossana metiendo un gol (relatado por el José María Muñoz local).

Y después… después ya con algunos pisco sours encima, todos son retazos, las amigas de Rossana cantándole “Pretty Woman”, R&R juntos sobre el escenario, un baile de a tres y un final de fiesta con sándwiches de chicharrón.

Quizás suba alguna foto pero me da miedito porque no me parece que doy “sobria” y porque todas las imágenes las llevo en mi corazón, iluminadas y para siempre.

Cristina La Fiestera



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