Cristina y la Moda

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Aunque no me lo crean, ¡Desfilé!

Cristina y la Moda

Cristina y la Moda

Pertenezco a esa deplorable parte del género femenino para quien durante mucho tiempo ,la moda era algo muy agradable que siempre les ocurría a otras.

Cuando tenía la edad para desfilar, estaba pariendo hijos en Corrientes, viviendo en pleno campo, en casillas rodantes de Vialidad, siendo maestra rural… Cuando volví a mi aldea, aun tenía que criar a mis pequeños cachorros, además de cursar la Universidad y trabajar.

En general, en cada momento de mi vida de joven estaba tan ocupada, tan exultante o agotada, que la moda se resumía a jean y una remera para salir corriendo donde “siempre pasaba algo”.

Y no sé en que momento ya estaba en los 70, década que se seguirá analizando desde distintos ángulos, pero cuando alguien se ocupe de la moda, tendrá que reconocer que a las jóvenes que soñábamos cambiar el mundo la moda nos parecia una tilingería. ¿A quién podía importarle por aquel entonces como se vestía Rosa de Luxemburgo?

Los setenta pasaron. Crecí, estudié y pude ensamblar sin crispaciones la tarea de una intelectual con la admiración por ese proceso fascinante que es la moda.

Cristina y la Moda

Porque además detrás de esta apariencia intelectual y progre, siempre latió un corazón femenino resignado a escuchar “no hay talle para vos”, humillada por todas y cada una de las vendedoras. Sin embargo, en el fondo de un bolsillo secreto, junto con alguna que otra fantasía prohibida, como bailar o cantar por ejemplo, guardaba el sueño de la pasarela.

Muchos años después, recibí un email de un diario importante invitándome a participar del desfile de Mujeres Reales Nunca fue mas cierto el dicho “ten cuidado con tus deseos secretos porque pueden hacerse realidad”. Pero se me abrió la caja de Pandora, junto con la más aterradora vergüenza, el más ardiente de los deseos, y ya saben quién triunfa en esas batallas. O sea, desfilé!

Lo divertido, lo sensato, lo inteligente es que eramos alrededor de cuarenta mujeres “no modelos” que ese día y a esa hora realizaron un sueño. Nos tomamos un recreo de nuestras obligaciones y por un instante, ¡fuimos a jugar! A jugar que eramos modelos, aunque algunas éramos vejanconas y estábamos fuera de talle, aunque muchas se dedicaran a cosas tan opuestas como ser esgrimistas olímpicas, directoras de una ONG, o tuvieran sus vidas profundamente comprometidas en altos valores humanos, como coordinar programas asistenciales en las villas,o haber sido
enfermera de Malvinas, cantantes líricas o ejecutivas.

Toda esa tarde ya soñada, dimos testimonio que aunque estemos lejos de una modelo top, seguimos siendo muy mujeres en nuestros corazones, y todavía capaces de jugar, como cuando nos poníamos la ropa de mamá frente a ese inmenso espejo del ropero
Mi único problema es que no pude bajar en los quince días previos mi panza desesperante. Solo me quedó aceptarla con alegría- ! Y de eso se trataba!

 



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