El Desastre de Ser Madre (I)

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Hecha la Madre Hecho el Conflicto

El Desastre de Ser Madre (I)

El Desastre de Ser Madre (I)

“Hecha la madre, hecho el conflicto “, y como a todos nos parió alguna, y algunas a nuestra vez hemos parido a otros, este lío de las madres tiende a perpetuarse. Mientras los tangos y los boleros juran y perjuran que somos de lo mejor, el psicoanálisis nos derrumba las estatuas en cuanto diván puebla este planeta. El dilema no acepta soluciones: tener madre es un clavo, no tenerla es imposible, y ser una madre, a esta altura de la informática, da pánico.

Los bebitos

Según es de público conocimiento, el ser humano nace disminuido mental. No sabe leer ni escribir, desconoce la Coca Cola, no habla, no atiende la puerta y además se hace pis y caca.
En este deplorable estadio de su existencia se denomina “bebé”. Y es un bicho por el cual a las mujeres en general y a las madres en particular, se nos cae la baba. Lejos de ahogarlo en un balde o encerrarlo en un baúl hasta que se convierta en una persona útil a la sociedad, pasamos largos años de nuestra existencia y de la suya limpiándole la cola, celebrando sus “ajó”, procurando que no se machuque airándose de la cuna o se intoxique con hormiguicida (los bebitos son así de necios).

Si pensamos que tanto afán se despliega en un ser que solo nos devuelve “provechitos” y anginas rojas, uno podría suponer que quien carga con semejante tarea merece, no mas, los tangos, los boleros y una estatua a la “madre anónima” cada diez metros. Sin embargo, la ciencia nos ha demostrado que mientras calentamos mamaderas a destajo y nos desvelamos años enteros, no hacemos más que generar traumas, pues esos bichitos que no saben ni su nombre van a recordar para siempre cada uno de nuestros errores.

Veamos si no un caso típico: estos tiernos borradores de un ser humano tienen por costumbre gritar. Profieren unos certeros berridos perforantes a cualquier hora del día o de la noche.

El Desastre de Ser Madre (I)

Pues bien, qué debe hacer una “buena” madre cuando el crío chilla? Las opciones parecen ser dos: o alzarlo o dejarlo desgañitarse. Pero ninguna de las dos es siempre la correcta. Si lo cargamos en brazos, dicen las comadres y algunos pedagogos, la criatura se acostumbra mal. Y a un bebe de tres meses muy malcriado puede ser una delicia tenerlo en brazos, pero llevar al hombro un niño de once años es malo para el lumbago.

Por lo demás, y aquí viene lo del trauma, si una madre tiene por costumbre llevar alzado a su nene de once años es una “sobré protectora”, dilema que con el correr de los años lleva a la criatura derechito a un analista. Como ven, alzarlos los traumatiza; y para colmo, después el analista ni siquiera nos deja entrar para escuchar como andan. .Habrá entonces que dejarlos aullar hasta que queden cianóticos? Pues no, que el gusanito nos recordara como una madre abandónica e igual terminara en el analista sacándonos el cuero.

La lógica diría entonces que hay que alzarlos cuando “realmente” lo necesiten. Pero, .como sabe una cuando “realmente” nos necesita un ser que usa el mismo berrido para comunicar que tiene hambre, tristeza existencial, sarampión o aburrimiento?

La respuesta, seguro que la tienen los pedagogos que, por supuesto, son “padres”.

(Continuará)



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