El Humor Negro de la Wargon

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Buscando Desesperadamente un Negro

El Humor Negro de la Wargon
El Humor Negro de la Wargon
Todo comenzó con una idea mía en un los talleres de Humor: dado que hace un frío imposible ¿por que no hacer una fiesta Cubana? Siendo “ mis” alumnas la idea les pareció encantadora. El whasp bramaba, coordinando, bebidas, ( ron), comidas y cotillón. Conseguimos un musicalizador con mucho cha cha cha Los profes nos juntamos para ver las actividades de la fiesta… pero había quedado un tema rondando: ¿que clase de fiesta cubana era si no teníamos un negro? Silenciosamente me juré conseguirlo.
Creo que me guiaba una idea vagamente sarmientina, pero dudo que a él se le hubiera ocurrida semejante boludez. Por el camino de esta agotadora búsqueda se me cruzaban ideas siniestras: ¿lo mío podía considerarse trata de negros? Naaaa, si era un ratito… Incitación a la prostitución? Naaa si solo lo quería para saludar y quizás bailar un tema. ¿Discriminación? Me acallé porque la búsqueda era exhaustiva. Si una mira bien, señores, Buenos Aires esta llena de negros, pero ninguno parecía dispuesto a colaborar, o tan siquiera saludar en el idioma en que hablen. Generalmente andan solos, y son difíciles de abordar. Encontré una pareja de jóvenes muy risueños, con los cuales solo puede intercambiar un buenas noches.

El Humor Negro de la Wargon

Me metí en una barbería donde había visto entrar a varios negros. El encargado parecía un subproducto de las sagas de Pablo Escobar y en un colombiano perfecto me explicó que el jamas le diría a un cliente que“bailara para una señora”. Senti que pensaba lo peor de mi pero que cualquier aclaración confundiría mas las cosas. Mas vale asumir que una ya tiene la pinta de andar alquilando un negro para fines inconfesable. Igual con absoluta corrección me recomendó ver a unos muchachos de República Dominicana que estaban “ a la vuelta”. Agoté los timbres de “ a la vuelta”… y nada.

Buscando Desesperadamente un Negro

Siendo jueves a la tarde la situación se había tornado desesperante cundo me llego la noticia que justo al lado de casa vivía un venezolano… ¡¡¡negro!!! Comencé la cacería temprano y terminé a las diez de la noche, helada hasta el tuétano, pasándole un amable mensaje por debajo de la puerta pidiendo que me llamara, o fuera por casa. A las once sonó el timbre y apareció un precioso joven moreno. Lo hice pasar, lo invite con un café y comencé la charla mas comprometida y extraña que haya sostenido en mi vida. Daivi, tal era su nombre, cuando salió de su asombro, se mostró entusiasmado pero… no me daba el color… no quería un moreno sino un negro negro. El me juro que su primo con el cual vivía, era de ese tono, quedó en hablarlo con él, y luego conmigo. Combinado locamente hasta locura todos los detalles desapareció en la noche y… ¡no vi mas a ninguno de los dos! Después de cinco días de búsqueda frenética, había fracasado. No entiendo que pasa con los negros, pero ellos entienden menos que ocurre con esta polaca… o sea que estamos iguales.
Sirva ese relato para que el INADI me lleve presa pero que mis alumnas sepan que la ticher lo intentó.

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