Autores de los 90s Cristina Wargon

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Mi Acto más Heroico

Autores de los 90s Cristina Wargon
Sin falsas modestias debo declarar que me considero una persona valiente
No tengo grandes miedos y carezco de algunas fobias clásicas a las ratas, los pumas, los caballos salvajes y los dinosaurios trastornados. Puedo abrir sin
que tiemble mi mano el sobre que me trae la cuenta de la luz y salgo a manifestar cuando algo me convoca de tal modo que me siento humillada si solo lo miro por televisión
Sin embargo el acto de coraje más arrojado de mi vida: fue el dia que falté al trabajo porque sí. Sencillamente apagué el reloj a las cinco, hablé avisando de
mi ausencia y me volví a la cama, me abracé a la almohada pero… no podía dormir de felicidad.

Es Orgullo es Orgullo es Orgullo

Ni Carlomagno viendo asentar el polvo de su más heroica batalla… ni Howard Carter cuando al fin encontró la esquiva tumba de Tutankamón, ni Madame Curie cuando gritó: “¡Eureka, me dieron el segundo Premio Nobel!”. Ninguno de ellos puede acercarse al profundo orgullo que sentí por mí misma. Y lo curioso es que no fue por algo que hubiera hecho, sino por algo que no hice. Hace muchas décadas que trabajo y cuando he faltado, ha sido siempre por enfermedad mía ,que no me permitía salir de la cama o por enfermedad de terceros que no permitían moverme de su cama. Pero nunca, nunca, nunca, falté porque sencillamente quise quedarme a dormir.
Ahora me gustaría que en mi tumba dijera simplemente “Una vez faltó al trabajo porque se le dio la gana”. Releo y parece una proclama que Kunta Kinte suscribiría con entusiasmo, pero yo soy libre y por ende mi acto valía el doble.Mi trabajo me gustaba, y en mi manera de concebir la vida nunca entró la posibilidad del “porque sí”, o “porque me dio la gana”.
¿Dije que era libre? Sí, pero no de mí misma, no de esa maldita responsabilidad que nos hace cumplir con todas nuestras obligaciones. He tratado de saber de dónde sale esa voz que me gobierna, ¿será del Martin Fierro?:
“debe trabajar el hombre para ganarse su pan
pues la miseria en su afán
de perseguir de mil modos
llama en la casa de todos
y entra en la del haragán”

Con el Sudor de tu Frente

Lo releo y es claro que se dirige a los varones. Recuerdo entonces la Biblia cuando nos sacaron zumbando del Paraíso con la orden “ganarás el pan con el sudor de tu frente” o de mi padre polaco que, sin demasiadas palabras, sencillamente trabajó.
Curiosamente cuando pienso o releo no encuentro una sola voz que nos incite a ser feliz con el mismo énfasis que se nos ordena trabajar. De este modo cuando una dice “ma’ sí” y se rebela, se siente más culpable que si hubiese asaltado el pabellón de Neonatología del Hospital de Niños. Después fui sometida a un cuestionario implacable: pero ¿no tenés tos? No; ¿No estás incubando una bronquitis? No; ¿Te duele demasiado la pierna? No más que cada mañana, y luego de examinar mis múltiples males, apelamos a la sicología: ¿No estarás deprimida? No!!! Estoy exultante bombóm, sólo que por primera vez me revelé contra la última ley que me quedaba por transgredir: falté porque sí.

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