Feministas Argentinas Cristina Wargon

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Pandemiando 2: Seis Meses en Pijama

Feministas Argentinas Cristina Wargon
Todo comenzó cuando al huir de Buenos Aires, antes que se desatara la cuarentena, armé una valija corriendo y sólo le puse un manojo de camisas de sedas, absolutamente inútiles, y un pijama. Heme aquí batiendo algún record Guiness que no se puede registrar. Seguro no te atienden
No debería quejarme del pijama que quedó tatuado en mi cuerpo pero al dorado otoño de Mendiolaza le sucedió el invierno .Debe haber otros modos de sufrir pero un invierno de este pago con hasta 5 grados bajo cero, no se lo deseo ni al esquimal mas malvado. Muchas manos corrieron en mi auxilio, las cancheras zapatillas deportivas fueron reemplazadas por dos cosas, cuyo nombre desconozco, De lana, rellenas de corderito y el mismo glamour que un jubilado jugando un campeonato de bochas…pero adoré a mi hija cuando me las trajo de regalo. Ambas nietas aportaron sendas calzas (me la ponía una sobre otra y abajo el pijama, por supuesto). Alguien aportó una bolsa de agua caliente y en la casa extremaron la calefacción, cosa que agradezco pero a fuer de ingrata, salvo que hubiese podido dormir adentro de la salamandra, me sirvieron de poco.
Vivir seis meses en pijama no está del todo mal, sólo que produce transformaciones extrañas. Sin darse cuenta cuándo, una se convierte en una persona que prescinde del maquillaje, los zapatos, la ropa interior, se baña poco y se ha resignado a tener, por primera vez en la vida el pelo lacio, tendiendo a Patoruzú. Kafka ya lo escribió mejor en la Metamorfosis. Lo de los rulos no es efecto del pijama, es por la maldita sequía. Pero eso es otro tema.

Prescindiendo de lo Imprescindible

Esto de atravesar la cuarentena ha sido escalar una montaña sin saber si habrá algún lugar para hacer cumbre. Es como la misma vida pero sin fantasías y con una brutal certeza compartida por el planeta: Nos vamos a morir, no se sabe cuándo ni cómo y en un mundo distinto al que nacimos. Por el camino podemos desesperar, angustiarnos o pensar. Personalmente el maldito pijama me llevo a meditar (cuando no estaba angustiada o desesperada porque allí me pongo más necia y monotemática)
Me dije: ¿Y cual es el problema de vivir con un solo pijama? Pensé en la en la Biblia: ”Mirad las flores del campo, ellas ni tejen ni hilan” bueno pero tampoco usan pijamas que vivas… pensé en Buda con solo ese pañalcito… pero era gordo y no se movía, además, no sé en qué clima pensaba…
Me resigné, más por la pobreza de mis bastardas reflexiones que por su nula eficacia. Mas me consoló mi hija que hizo hacer para todas las mujeres de las casa unos largos hábitos de polar con lo cual pasamos a pertenecer a la Cofradía Laica de Los Tiritantes en Mendiolaza.
Apunto estos beneficio al frío: descubrir que el mínimo sol puede ser el mejor de los ponchos, lo apasionante que son las charlas alrededor leños ardiendo y haberme reencontrado con mis nietos quienes ,acorralados por la pandemia tuvieron que convivir con la abuela. Con ellos amplié mi vocabulario y por ende mi cabeza, aprendí de sus canciones y supe de sus sueños y de sus pesadillas, Creo todos descubrimos que ese frágil puente construido durante la infancia podía ser reconstruido con facilidad, aunque todos, en particular ellos, ya seamos otros.
Sé que viene la primavera, sé que pronto abandonaré el pijama. Y sé, lo es mas loco, ¡ que lo voy a extrañar! Ya sé que para la próxima pandemia lo primero que tengo que poner en la valija es mi tapado de leopardo. ¡Espero que no sea verano!

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