Cristina Wargon y la Cama

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Con la cama no se jode

Cristina Wargon y la Cama

Cristina Wargon y la Cama

Sábado. Cinco de la mañana. Estoy sentada en el comedor con medio litro de café adelante, mi compu abierta y preguntándome qué hago despierta a esa hora justo el día que puedo dormir.

Ni las “alegría del hogar” que esperan mi cotidiano “que preciosas están” (sí, ya entré en esa etapa en que hablo con las plantas. Me consuelo porque al menos no me contestan). Nada, nada, parece poder sacarme de esa bruma de melancolía y sueño, cuando de pronto la pantalla se ilumina y entra como un rayo el siguiente mensaje:

-¿Que haces si llegas a la casa que compartís con una amiga; entras a la pieza y esta con una macho que fue tuyo? (De aquí en más soy fiel a la redacción de esta niña).

Es del Facebook y quien lo escribe es una total desconocida, rápidamente miro sus datos, es joven, vive en Pergamino provincia de Buenos Aires. Como ella debe haber hecho lo mismo, me escribe en el acto.

-Perdón, me equivoqué. Ja ja.

Ya absolutamente despierta e irrefrenablemente curiosa, en vez de cortar, me prendo en el drama que parece se está desarrollando y cual si fuera mi hermana me lanzo.

-¿Y qué hiciste?

Ella acepta tácitamente el convite de hablar con una desconocida al amanecer, y sigue.

-Estoy en la cocina esperando la confrontación. O sea que se levanten Están en mi pieza. EN MI CAMA.

Las mayúsculas expresan una indignación incontenible, pero los años me han traído, de vez en cuando, cierta calma. La certeza que si los dolores no se pueden evitar, al menos, mejor no despeinarse de la furia .Cual Kung Fu respondo.

-Eso es serio, pero un ex macho siempre es menos que una amiga. Creo.

Cristina Wargon y la Cama

Sin ánimo de perdón replica:

-Si pero ella lo sabía, ¿qué tan amiga es?

Abogo por su amiga. También estoy en la edad donde ya he aprendido que una buena amiga suele durar más que el mejor de los amores. Con esas síntesis a la que te obliga el Face insisto:

-¡Nena, tanto enojo por un tipo usado!

Mi inesperada amiga del amanecer insiste.

-Pero fue muy querido.

Mi espíritu Kung Fu comienza desvanecerse. Hay cosas que me irritan de ambos géneros : ese derecho de propiedad de los genitales y el corazón del otro que parece no tener límite de tiempo o geografía… es como si el haberse amado alguna vez les habilita los celos a perpetuidad.

-¿Y qué coño tiene que ver?

Creo que intuye que en ese punto soy una yegua porque cambia el ángulo.

-No me molesta por él si no por ella. Lo que me jode es que la mina me haga una re historia para irse del boliche y venir a coger a mi cama.

Cristina Wargon y la Cama

Ya estoy decididamente cínica. Quizás la hora me pone inestable:

-¿Y para qué te iba a contar si sabía que lo ibas a tomar a mal?

Mi amiga, casi cornuda se defiende.
-¡Pero no se justifica que me use la cama!

Y ahí tiene razón. Tengo que acordar.

-Eso es desprolijo y feo. ¿Ella tiene la suya?

-Siii. Compartimos la casa… o sea tiene la suya.

En ese punto acuerdo que su amiga es una turra y en el acto, de defensora paso al ataque.

-Te lo dedicaron, me parece que has perdido una amiga, pero solo por el detalle de la cama, porque un ex macho es propiedad pública. Igual pensá que si todavía fuera tu tipo te dolería más.

Con esa falta de demagogia de los asesinos seriales me responde escueta.

-Si. La mato.

Fin. No sé si los diarios locales registrarán alguna muerte. Yo, me quedo adrenalínica, me levanto a saludar a “mis alegrías del hogar” y me siento espléndida. Entregada de lleno a esa vileza que es reconfortarse con el dolor ajeno. Después de todo ya no estoy en edad de que ningún hombre me engañe en un boliche .Están todos como para jugar al ajedrez como deporte de riesgo.

Y en sus geriátricos no los dejan.

 



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