Staff Ad Hores IX

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STAFF AD HORES IX

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Internas de la redacción

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Aún después de la recuperación de la revista, ésta continuó siendo hackeada. Si bien es cierto que la eficacia de los ataques disminuyeron sensiblemente a lo largo del mes, la Directora seguía asustada. A pesar de nuestra vocación quincenal, este número sale a poco más de treinta días del anterior. Pensábamos ponerla en el aire el cinco de marzo. Pero el quirúrgico incendio de la Revista Anfibia frenó en seco la previsión inicial. Toda nuestra solidaridad con Anfibia. Pero la Dire había entrado en crisis y su actitud cambió radicalmente. Ya no se limitaba a arrojarnos objetos de oficina. Se tiraba ella misma contra los redactores en un extraño pogo y siendo entrada en carnes, dejaba visibles secuelas. Para ese entonces no le hacía mella su medicación habitual. En acto de cariño probamos  clona con gin, absenta y unos hongos que nos llegan vía triple frontera, y en parte logramos el cometido. Ella sonrió agradecida, pero, tal vez por su condición de genéricos, lo único que notamos que bizqueaba y tenía la voz más estropajosa que nunca. Repetía, en un interminable mantra, cosas como “huevo de la serpiente”, “1933”, “1976” o “noche de los cristales”. Todo eso la llevó a tomar medidas extremas.

 

Cristina Wargon Staff Ad Hores Humor a la Wargon 

Cristina Wargon

Directora

Apenas habían pasado un día desde lo de Anfibia y otro par desde lo de Telam. Eso la hizo decidir una reunión plenaria y presencial para el mismo día. “Estos mal paridos son muy capaces de joderte y mierda carajo”.  El que no estuviere presente de cuerpo gentil y en horario sería colgado de los pulgares frente a una boca de cañón. Ella tiene uno, antiguo y de dudoso funcionamiento. Pero tiene uno y no tiene miedo de usarlo. La ejecutora oficial sería Lidia. Pero llegó tarde.

 

Ricardo Zárate Staff Ad Hores Humor a la Wargon

Ricardo Zárate

Secretarío de Redacción

El secretario de redacción fue el primero en llegar. En ese mismo momento se lo conminó a permanecer de pie y fingiendo ser James Bond. “¿¿¿Que haga qué??? exclamó y la directora le clavó el bastón de montañismo que a veces usa en los ensayos. “¡No entendés lo que pasa pelotudo!” Le gritó con furia en un tono áspero y sin volumen. “¡Mis abuelos eran polacos, eso pasa, los hicieron jabón en Varsovia! Por eso vos vas a montar una célula de resistencia y comunicación secreta, responsable del piso en que está tu departamento”. Zárate murmuró: “Hace años, más de treinta años que no hablo con mis vecinos”. “Mejor”, fue la réplica. Inmediatamente Zárate se puso al Servicio Secreto de Su Majestad y pidió su arma y la licencia para matar. Le Dire le dio una patada en el culo.

 

Liz Marino Staff Ad Hores Humor a la Wargon

Liz Marino

Divagaciones y Tocs

Liz se presentó de inmediato, llevaba en mano aun los enseres de playa y en su blonda cabellera un balde de arena, ya derramado. Mientras tanto se posaba sobre su rodilla imitando a Zárate. Es que, algo confundida, pensó que sería nombrada Caballero Liz. La Directora la interrumpió.“Sentate Madame Bovary y escuchame bien. Yo fui a la universidad en los 70. Conozco la rutina. Me entendés ¿verdad?” Liz reaccionó de inmediato. “¡Acá está la palita de la nena de la sombrilla de al lado. Nunca pensé en no devolverla!”. En el acto la arrojó sobre el escritorio como si fuera radiactiva. Era rosa. “Con esa palita te redimirás hija mía. Tómala y entierra en la playa los libros. Ya sabés cuáles”. Liz en el acto se dio a la tarea. El pozo que cavó para esconder el pendrive superaba su propia altura. Las paredes colapsaron y cubrieron más de la mitad del cuerpo de Liz. Fingió por cuatro días ser una estatua viviente hasta que Leonardo la rescató.  “Viste que podés confiar en mí, rubia. Ni una semana tardé”, dijo con sinceridad Leo. La palita se perdió para siempre.

 

Lidia Poggio

Lidia Poggio

Rockstar

Lidia llegó cuando le cantó el culo. El diálogo con la Dire consistió en una serie de gestos, gruñidos y sobreentendidos, una antigua clave que ellas usan desde su época de estudiantes. Con un movimiento de cabeza preguntó si iba a haber chongos. La Directora elevó un dedo e hizo tres veces gancho, con lo que expresó: “Va en serio. Esta vez vas a cubrir tu identidad con una fachada. Vas a continuar siendo la Vengadora Abastonada para que nadie sospeche de vos”. Moviendo una ceja e introduciendo su índice derecho en el círculo de su mano contraria, Lidia manifestó: “Te vas a sentir orgullosa de mí. Voy comenzar con Leo para practicar el golpe de entrecejo. Leo aguanta”.

 

Leonardo Silveira

Leonardo Silveira

Videoteces

Leonardo se presentó con un televisor en la cabeza, uno de los viejos. “Es que me vine con tanto apuro que no hice a tiempo para quitármelo”, explicó. La Directora se sorprendió, “Vos solés ser más boludo que eso Leonardo, por favor”. Leo estiró las mangas de su smoking y pidió instrucciones. “Vas a estar a cargo de coordinar la falta de interconexión por ondas”. Leo, obediente y solidario, diseñó un uniforme que repartió entre todos, uno de tela metalizada que había visto en Star Trek. Casi todos lo mandaron al carajo, aunque aceptaron el abrigo metalizado. “Para el invierno”, pensamos al unísono. Leo, chocho.

 

Mónica Gervasoni Staff Ad Hores Humor a la Wargon

Mónica Gervasoni

La Infatigable

Mónica se hizo presente. Llegó envuelta con un moño de regalo tamaño natural. “Así no me reconoce nadie”, dijo. La Directora la miró fijo y le explicó, usando el Código Lidia, la naturaleza de su tarea,”: “Falta harina, falta aceite, falta azúcar. Con eso está todo dicho. Chequeá la alacena. Mantené perfil bajo y encargate de la comunicación con los medios alternativos, sin llamar la atención”. Moni no se hizo rogar. Eso sí, entendió cualquier pelotudez y le prendió fuego a un viejo Renault 12 abandonado cerca de Camino de Cintura. La vimos primero en Crónica TV con la cara tiznada. Le preguntamos más tarde qué había pasado. “No sé, pero me costó dormir en el auto”.  Después de ese despliegue narrativo dijo “tengo sueño” y se echó una siesta en la hamaca paraguaya del balcón.

 

Gabriel Steinberg

Gabriel Steinberg

Con o sin Cuero

Gabriel llegó desde San Luis. Cuando vio el auto en llamas de Mónica en la tele exclamó: “Sale chivito para todos hoy”. En ese momento la Directora lo tomó de los fundillos. “Hay vida más allá de los chivitos. Nos estar por reventar. En cualquier momento nos prenden fuego a la redacción”. Gabriel lució desorientado. “Pero si esto es virtual ticher. ¿Cómo nos van a prender fuego?”. En ese momento sonó su celular, el Vikingo estaba al habla. A todos nos tranquilizó mucho eso. El diálogo era entrecortado pero lleno de pasión. “Ya arreglé lo de la redacción. Sí, sí. Sacales una foto a los de la quince… Sí. Esta vez lo atrapo yo mismo”. Después de eso se ausentó algo más de una hora. Fue a cazar un chivito en Parque Centenario. Cuando regresó dijo: “Cuando se está en guerra hay que tener a la tropa bien alimentada. Y lo dijo Julio César, no un boludo random”.

 

Filípides de las Casas Staff Ad Hores Humor a la Wargon

Filípides de las Casas

Por-te-ño

Filípides estaba realizando un complejo trámite para ser curador de un acuario en Parque Chas cuando recibió La Llamada. Previendo rutas de escape del barrio, había adquirido una mochila con propulsión. Pudo así llegar a la redacción y prosternarse ante la Directora. No tanto por lealtad como por sentirse muy mareado. La orden editorial dictaba que debía mudarse de inmediato a las sierras de Córdoba para ser soporte logístico de Gabriela. La objeción de necesitar objetos personales de su casa fue desoída. En cambio, cuando manifestó su aversión a la vida eglógica, la Dire le arrojó una abrochadora de las de antes y dijo: “Tu misión de resistencia y defensa de la redacción es vital. En caso de incendio, Córdoba romperá el vidrio. Serás la última línea de defensa”. Filípides lloró mientras escuchaba. La abrochadora lo había hecho sangrar y tenía un chichón muy feo. Actualmente es Defensor Activo del Monumento al Indio Bamba y vive a tres cuadras de Estanislao del Voucher.

 

Gabriela Martínez

Gabriela Martínez

Cor-do-be-sa

Gaby tomó el cohete a Corea en Pajas Blancas. Se arrojó por una escotilla a la altura de Palermo Viejo. Su entrada a la redacción fue tan espectacular como tumultuosa, rodó sobre sí y quedó rodilla en tierra frente a la Dire diciendo: “Acá me tení mi yeina, en yepresenación de la Yepública Independiente de Córdoba”.  Su Yeina se levantó ceremoniosa diciendo: “Me duelen las rodillas y lareputamadrequeloparió. Tú serás la depositaria de toda nuestra información en territorio hostil. Ya enviaré a Filípides a brindar soporte. En caso de ser capturada deberás estar dispuesta a todo”. Gabriela respondió de inmediato. “Ievaré a cuestas una una boteia de ferné. Si las fuerzas del mal prevalecen, me rociaré y encenderé mi Zippo”. A partir de ese momento una botella está en su mano las 24 horas del día y las 24 horas de la noche. El verdadero inconveniente consiste en la reposición diaria de fernet.

 

Pablo Colombo

Pablo Colombo

Biología y Fermentación Etílica

Una caja dos metros de altura, revestida con papel de aluminio, llegó a la redacción. De su interior emergió la figura de Pablo. Preguntó si estábamos seguros que nadie lo seguía. Aseguramos con énfasis ignorancia al respecto. Afirmó que estábamos locos. Besó la mano de la Directora y le manifestó lealtad perpetua, pero que por favor le deje hacer de Sean Connery. “Los demás, dijo, son unos blandengues”. La Dire le dijo: “Cuando empiezan a quemar los diarios, vos ya sabés como sigue, no hay marcha atrás ni tiempo para tilinguerías, hay que desconfiar de todo”. Pablo comenzó a hablar en lenguas, inundado por el llanto, o al menos mojando su remera. “Gracias, pudo hacerse entender luego de un rato, no sabe Maestra lo mucho que le agradezco. Padezco de paranoia congénita, pero que desde que nos persiguen en serio estoy mucho mejor. Mil gracias, gracias, gracias”. Lo repitió 997 veces más.

 

Claudia Baier Staff Ad Hores Humor a la Wargon

Claudia Baier

Sur y Después

Arribó de Bahía Blanca con la velocidad de un rayo, 21 horas en el tren lechero. “¿Qué pretende de mí, Majestad?” “En principio, que seas menos pelotuda. Pero por otro lado te tengo que decir que deberás regresar de inmediato y armar la resistencia del Comando Azul Insurgente para las Provincias Unidas del Sud”. Claudia la miró fijo, parpadeando, atónita. “Me hicisteis viajar desde Bahía para decirme que vuelva a Bahía? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? “Nuestras comunicaciones pueden ser interceptadas, este modo es el más seguro”. “Entiendo Su Majestad. Solamente quería advertiros sobre la posición geográfica de Bahía Blanca. Es el sur, pero de provincia de Buenos Aires…” “Que nada te detenga. Adoptarás la identidad de una docente jubilada y cubrirás hasta Tierra del Fuego. Ahora decretaré que Bahía es parte de la Patagonia, he dicho”. Claudia retrocedió como un cangrejo, respetando el protocolo. “Tengo otras 24 horas de viaje, entre pitos y flautas, nos dij0. Y lo peor es que no sé tocar la flauta”,

 



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